Si tienes una empresa en Colombia, es muy probable que conozcas esta historia: cierras un buen cliente, entregas el producto o servicio a tiempo, emites la factura y, cuando preguntas por el pago, te responden con el clásico "entra a programación de pagos a 60 días". O peor aún, a 90 días.
Para una pequeña o mediana empresa, esa espera no es un detalle menor: es el dinero del arriendo, la nómina, los proveedores o los impuestos de la DIAN.
Con la implementación de la Ley de Plazos Justos (Ley 2024), Colombia buscó ponerle un tajo a esta práctica para proteger la liquidez de las PYMES, fijando techos para el pago de facturas. Sin embargo, en la práctica cotidiana del mercado colombiano, mantener el flujo de caja a flote sigue siendo un arte que requiere más que una ley: requiere orden de puertas hacia adentro.
Aunque la ley establece reglas claras sobre los tiempos máximos para que las grandes empresas paguen a sus proveedores PYMES, en la vida real suelen presentarse varios tropiezos frecuentes:
Para que la cartera no se convierta en una pesadilla que amenace la estabilidad de tu empresa, aquí hay tres prácticas sencillas que puedes aplicar desde hoy:
La Ley de Plazos Justos es una herramienta legal valiosa, pero la verdadera defensa de las PYMES está en tener un control impecable sobre cada peso que sale en una factura y debe regresar a la caja.
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